viernes, 9 de enero de 2015

Vicious - Capítulo 7: Funeral Para Un Amigo

<<Capítulo 6


Traducido por: Daniela
Corregido por: Brayan, Julieta, Raúl S.



           - ¡Hanna Marin! ¡Señorita Marin! ¡Por aquí!
           Hanna miraba hacia afuera desde el interior del auto de su madre. Era la mañana del lunes, un día después de que vieron cómo Emily se ahogaba en Cape May. Ella estaba frente a la Iglesia de la Sagrada Trinidad en Rosewood. Era un viejo edificio, venerable pero desmoronándose, con un tenebroso cementerio detrás, por el que Hanna una vez corrió a medianoche en un desafío. Pero ahora, preferiría correr a través de él completamente desnuda que enfrentar lo que estaba por enfrentar. Ya había reporteros y camarógrafos descendiendo sobre ellas, casi parecían como que iban a subirse al capó del auto.
           Miró preocupada a su madre, quien estaba agarrando el volante con tanta fuerza que el cuero estaba haciendo un sonido chirriante. La Srta. Marin dirigió el auto hacia el otro lado del terreno. Los reporteros se lanzaron a ambos lados para evitar ser atropellados.
           - Vamos. -dijo la Srta. Marin cuando se estacionó, apagando el auto y bajándose del asiento del conductor. Juntas fueron a toda prisa hacia la entrada lateral de la iglesia. La prensa salió disparada hacia ellas, gritando preguntas.
- ¿Tienes algún comentario sobre el suicidio de tu amiga? ¿Tú tienes pensamientos suicidas? ¿Estás lista para el juicio de mañana?
           - Buitres -dijo la Srta. Marin al interior del vestíbulo de la iglesia, una vez que cerraron la puerta. Miró por la pequeña ventana tipo vitral, sus ojos brillaban con lágrimas-. ¿Tenía que ser hoy?
           Hanna miró a su alrededor. El vestíbulo estaba lleno de gente y olía a periódicos antiguos, incienso y perfume. Su mirada se dirigió hacia una gran placa que estaba en las puertas dobles hacia la iglesia. EMILY FIELDS, decían las letras retorcidas al final.
           Y estaba la fotografía escolar de Emily, de décimo grado —sus padres la habían escogido porque era una de las pocas fotos que no eran usadas en los reportajes, revistas, materiales promocionales o archivos policiales. Emily lucia tanto menor en ella, sus pecas estaban brillantes, su sonrisa amplia y sus ojos destellaban. Era antes de A. Antes de que Ali volviera. Antes de que Emily siquiera tuviera la noción de quitarse su propia vida.
           Hanna sintió sus piernas débiles y se apoyó en una estatua cercana de algún santo para recobrar el equilibrio. Estaba en el funeral de Emily. Era irreal. Impensable. Imposible.
           Había pasado un día desde que Emily había desaparecido en el océano. Aunque Hanna había visto, rabiosamente, cada reportaje noticiario relacionada a Emily —primero una recapitulación de los esfuerzos de recate, luego una actualización de que su cuerpo aún no había sido encontrado, luego una declaración de policía y de guardacostas diciendo que, considerando la magnitud de la tormenta, era seguro asumir que Emily estaba muerta y que debían hacerse los arreglos para el funeral —los detalles habían pasado sobre ella como si fueran nubes moviéndose rápidamente. Seguía pensando que despertaría y todo sería un sueño. Emily no podía haber realmente caminado hasta el mar de esa forma. Emily no podía haberse suicidado porque no podía soportar la idea de ir a prisión. ¿Cómo es que Hanna no se había dado cuenta de que Emily estaba sufriendo así de mucho?
           Pero el punto era que Hanna si sabía. ¿Cuánto tiempo había pasado Emily sin una buena noche de descanso? ¿Cuánto peso había perdido? ¿Por qué, oh, por qué Hanna no había tratado de ayudarla? Debió haber leído un libro sobre el suicidio o algo. Haber hablado más con Emily. Haberse quedado despierta con ella esa última noche si no podía dormir.
           ¿Y cómo se sentía el estar tan al borde de sus límites? Claro, Hanna sentía pánico de ir a la cárcel… pero no se suicidaría. ¿Por qué esto había afectado a Emily tan diferente? ¿Por qué esto la había afectado a ella, alguien tan buena, tan dulce, tan amable?
           ¿Cómo podía Emily haberse… ido?          
           La Srta. Marin tomó el brazo de Hanna y la hizo caminar al interior de la iglesia. El lugar estaba repleto y todos la miraron mientras caminaba por el pasillo. Había tanta gente aquí que Hanna conocía, pero ¿cuántos de ellos estaban aquí porque extrañarían a Emily? Como Mason Byers, ¿él no se había reído con maldad  después de que A sacó del closet a Emily en ese encuentro de natación? Y estaba Klaudia Huusko, la estudiante de intercambio de Finlandia, ¿había hablado alguna vez con Emily? Y Ben, el ex novio de Emily, ¡él la había atacado! Cómo si él estuviera realmente de duelo. Incluso Isaac, el padre del bebé de Emily, estaba aquí, aunque él lucía casi aburrido. La única persona que lucía legítimamente triste era Maya St. Germain, la primera novia de Emily y la chica cuya familia había comprado la vieja casa de Ali. Las manos de Maya cubrían sus ojos, y sus hombros tiritaban. El Sr. y la Sra. St. Germain y el hermano de Maya estaban a su lado, sus caras tenían expresiones pétreas y sus ojos lucían acristalados. Hanna se preguntó brevemente si la familia alguna vez se arrepintió de mudarse a Rosewood.
           Aria y Spencer ya estaban sentadas en un banco cerca de la parte de adelante. La Srta. Marin guió a Hanna hacia ellas y Hanna se puso junto a Spencer. Sus dos viejas amigas la miraron vaciamente. Las manos de Aria descansaban sin fuerzas en su regazo. Spencer tenía un paquete de pañuelos firmemente en su palma. El maquillaje de sus ojos ya estaba corrido, pero a Spencer parecía no importarle. Aria asintió suavemente.
- Creo que se han rendido.
           Hanna tragó saliva.
- ¡Sólo ha pasado un día!
           - Hubo montones de helicópteros buscando por todos lados -Spencer dijo con voz monótona-. Probablemente se fue a la deriva más lejos de lo que cualquiera pensó. O está atrapada en algo bajo agua, y no pueden verla.
           - Bien, para. -Aria dijo, su voz temblaba y sus ojos estaban llenos de lágrimas.
           Comenzó a sonar música fúnebre y Hanna se dio vuelta para observar  a un grupo de clérigos caminar por el pasillo. Los siguió la familia de Emily. Cada uno estaba vestido de negro, y cada uno lucía como un zombie.
           Su mirada se fue hacia el ataúd tras el altar. Aunque no había cuerpo, los Fields habían decidido enterrar algo en el cementerio de todos modos. Parecía casi inapropiado que los Fields hayan llevado a cabo un funeral tan rápido —Emily aún podía estar por allí. Pero la policía básicamente dijo que aunque no había cuerpo aún, no había modo de que Emily pudiera haber sobrevivido a las condiciones del huracán. Quizás los Fields sólo querían acabar con esto y seguir con sus vidas.
           La música se detuvo y el sacerdote aclaró su garganta. Hanna lo escuchó decir el nombre de Emily, pero luego su mente comenzó a nadar y dar vueltas. Tomó la mano de Aria y la apretó.
- Dime que esto no está ocurriendo. -murmuró.
           - Estaba por pedirte lo mismo. -Aria dijo.
           La familia Fields se puso de pie en grupo y caminó hacia el frontis. La Sra. Fields tomó el podio primero y aclaró su garganta. Hubo un gran silencio antes de que hablara.
- Me gustaría pensar que mi hija ha vuelto al agua del cual vino -dijo con voz ronca, mirando un trozo de papel arrugado-. Ella fue una dedicada nadadora. Amaba el agua, amaba competir. Iba a ir a la Universidad de Carolina del Norte el próximo año, con una beca completa por natación, y estaba tan emocionada.
           Hanna pilló la mirada de Spencer. ¿Estaba emocionada por ir a la universidad? Y, en serio, ¿cuáles eran las posibilidades de que fuera a ir después del juicio? Era raro que la madre de Emily mencione eso.
           La Sra. Fields tosió.
- También era dedicada a su familia. Su grupo de amigos de natación. Su comunidad de la iglesia. En los últimos años estuvo envenenada por fuerzas fuera de nuestro control, pero, bien en el fondo, todos sabemos lo buena que fue Emily. Lo brillante, especial y dulce que fue. Y espero que eso sea lo que van a recordar de ella.
           Hanna torció su boca. ¿Amigos de natación? ¿Amigos de la iglesia? ¿Qué había de ella, Spencer, y Aria, las mejores amigas de Emily?
           La Sra. Fields dejó el podio y luego hablaron las hermanas de Emily, Beth y Carolyn. Extrañamente, sus dos discursos también dejaban fuera a Hanna, Spencer y Aria. Hubo más sobre “envenamiento” y “malvadas fuerzas exteriores”, pero no explicaron realmente a qué se referían. Seguían hablando de lo mucho que Emily amaba la natación. Seguro, amaba nadar, pero eso ciertamente no era lo único que la definía.
           Toda la familia Fields fue de vuelta a su banca. La iglesia estuvo en silencio mientras ellos se acomodaban y susurraban. Hanna miró a las otras.
- Deberíamos decir algo, es como si estuvieran hablando sobre alguna otra chica.
           Luego, sin palabras, Hanna sacó un pequeño libro encuadernado en tela  de su bolso y se levantó. Spencer le tomó el brazo.
- ¿Qué haces? -Hanna frunció el ceño.
- Voy a dar un Eulogio -le mostró el libro a Spencer-.  Son fotos de nosotras y Em. Me gustaría hablar sobre ellas aquí, y luego podríamos… no lo sé, quizás enterrarlas, después -era lo que habían hecho para Su Ali —Courtney— para ayudar a dejarla en paz-. Em se merece un mejor discurso que los que acabamos de escuchar, ¿no creen?
           Los ojos de Aria se suavizaron.
- Yo también traje algo para enterrar -rebuscó en su cartera y sacó una copia andrajosa de Tu Horóscopo, Explicado-. ¿Recuerdan ese verano en que Em estaba muy interesada en leernos las cartas? Tengo notas aquí que escribió sobre todas nosotras.
           - Genial -Hanna dijo, levantando a Aria-. Podemos hablar sobre eso también.
           Spencer las miró a las dos desesperada.
- Chicas… no pueden, ¿está bien?
           Volvió a sonar música de órgano. Hanna miró como loca a Spencer.
- ¿A qué te refieres?
           - ¿No lo entiendes? -Spencer susurró- Nosotras somos las venenosas. Nosotras somos las malvadas fuerzas exteriores.
           Hanna se movió. Se dio cuenta, de repente, de que la gente las estaba mirando.
           Abruptamente, Spencer se levantó de su asiento e hizo un gesto para que las otras la sigan. Caminaron hacia un ventoso pequeño pasillo. Había una puerta abierta hacia una pequeña sala llena de juguetes. Por el pasillo había un tablón de anuncios con versos de la biblia.
           Aria miró a Spencer.
- ¿Por qué dijiste eso? -susurró.
           Spencer volvió a mirar a la iglesia.
- Llamé a la Sra. Fields esta mañana y le pregunté si podía dar un Eulogio. Admitió que ni siquiera nos quería allí, dijo que era inapropiado, pero le dije que estaríamos tranquilas, que sólo queríamos hacerle honor a su muerte.
           - ¿Qué? -Hanna jadeó. Se asomó por la puerta y vio a la madre de Emily, quien estaba sentada con la espalda recta en la banca. Su cabello estaba moldeado de una forma rígida, sus hombros estaban perfectamente encuadrados. Pensándolo bien, la Sra. Fields ni siquiera las había mirado una vez a ninguna de ellas desde que comenzó el funeral.
           - Pero la Sra. Fields nos conoce. -Aria chilló.
           - Si, bueno, ya no. -Spencer murmuró amargamente. Hanna no podía creerlo.
- ¿No discutiste con ella? -preguntó- ¿No trataste de hacerle entender lo que Emily significó para nosotras?
           Spencer se mofó.
- Um, no, Hanna. Básicamente colgué tan rápido como pude.
           Hanna comenzó a sentir la caliente y burbujeante sensación de enojo en su interior.
- ¿Entonces solo aceptaste el abuso? ¿Dejaste que nos llame inapropiadas? ¿Simplemente le dejaste creer algo completamente falso?
           - puedes hablar con ella directamente si tú quieres -Spencer susurró, sus ojos se iluminaron-, pero la impresión que yo tuve es que la Sra. Fields básicamente cree que nosotras causamos la muerte de Em.
           - ¡Solo porque tú la dejaste creer eso! -Hanna discutió. Y luego, frustrada, metió de vuelta el libro de fotos en su cartera, cruzó sus brazos sobre su pecho y dijo algo que  había estado asomándose en su mente toda la mañana- Ok, está bien. ¿Sabes qué? Quizás la Sra. Fields está en lo correcto, quizás nosotras causamos la muerte de Emily.
           Spencer retrocedió.
- ¿Disculpa?
           Hanna la miró sin alterarse. Estaba tan enojada que apenas podía ver bien, aunque no estaba segura de con quién estaba enojada exactamente. Quizás solo con la situación como un todo.
- Bueno, tú también debes creerlo, Spence, o sino no habrías cortado el teléfono con la cola entre tus piernas. Y quizás está en lo cierto. Quizás no deberíamos habernos quedado en Jersey después de que la casa de Betty Maxwell fue un fracaso -declaró-, debimos haber vuelto a casa, donde Emily habría estado a salvo.
           Se formaron dos manchas brillantes en las mejillas de Spencer, incluso más aparentes bajo las fuertes luces fluorescentes del pasillo.
– Huh. Fue mi sugerencia quedarnos en Jersey, así que es mi culpa que esté muerta, ¿es eso lo que estás diciendo?
           Hanna movió su mandíbula, al comienzo no respondió. Pero cuando luego tragó un nudo en su garganta.
- Pareció despistado, “¡Vamos a tomar helado! ¡Pasémosla bien!” y luego Emily se queda sentada allí, toda la noche, ¡como un maldito zombie! Ese enorme océano, esa tormenta, era tan tentador, debimos haber previsto esto.
           Spencer entrecerró los ojos.
- Pudiste haber dicho, “Hey, creo que Emily se va a ahogar así que quizás deberíamos irnos”.
           Los hombros de Hanna se pusieron tensos. Spencer no tenía que usar un tono tan tonto para imitar la voz de Hanna.
           - Y estabas durmiendo junto a ella, Hanna -Spencer continuó-, ¿por qué no despertaste cuando Emily se salió de la cama?
           Hanna empuñó sus manos.
- No puedes culparme por dormir. Estaba cansada.
           - Oh, cierto, necesitas tu sueño embellecedor -Spencer dijo burlescamente-, Dios no quiera que Hanna Marin pase una noche sin una máscara y auriculares.
           Hanna zapateó.
- ¡Eso no es justo!
           - Chicas -Aria dijo suavemente, tomando sus brazos-, está claro que ustedes dos están sólo enojadas con la Sra. Fields, no entre ustedes. Se perdieron las advertencias de Emily, no pueden golpearse a ustedes mismas.
           Spencer se soltó y la miró con desdén.
- Uh, ¿disculpa? también te perdiste las pistas de Emily, Aria. Todas estábamos allí.
           La boca de Aria formó una O.
- Yo no quería quedarme en Cape May.
           - ¿Entonces por qué no dijiste algo? -Spencer rugió, luciendo más y más ofendida- ¿Por qué soy la única que toma las decisiones? ¿Y han olvidado que fui yo quien se levantó y encontró esa nota? ¿Han olvidado que me metí al agua tras ella y casi me morí?
           - Nadie te dijo que entres al agua -Hanna dijo en voz baja-, no te hagas la mártir.
           Fue demasiado y Hanna lo sabía. Spencer jadeó y levantó su mano hacia Hanna. Hanna lo esquivó, casi golpeándose la cabeza con un colgador de abrigos en el pasillo.
- ¿Simplemente ibas a pegarme? -chilló.
           - Te lo mereces -Spencer rugió entre dientes-, alguien necesita hacerte entrar en razón.
           Hanna quedó boquiabierta.
- ¿Y qué hay de ti, Spence? Alguien necesita bajarte de tu pedestal. -se embistió hacia Spencer.
           Aria la tomó de los brazos y la alejó: - Chicas. Paren.
           - Si, Spencer, ¡para de ser tan perra! -Hanna gimió.
           - ¿Yo soy una perra? -Spencer chilló. Y entonces, antes de que nadie pueda decir nada más, Spencer se dio vuelta y marchó hacia la puerta trasera.
           - ¿A dónde vas? -Aria llamó, dando unos pasos hacia ella.
           Spencer empujó la pesada puerta para abrirla.
- Lejos de ustedes.
           - Iré contigo. -Aria ofreció.
           Los ojos de Spencer brillaron.
- No. -la puerta se azotó cuando salió.
           Luego hubo silencio. Hanna corrió sus manos por el largo de su cara, su corazón latía aceleradamente. Se volteó hacia Aria, cuya cara estaba pálida.
- ¿Qué diablos fue eso?
           Aria hojeó las páginas del libro de horóscopo. Se movió incómoda.
- Eso fue ir demasiado lejos, Han -dijo severamente-, todas estamos heridas. -luego se apresuró hacia la puerta detrás de Spencer.
           - ¡Oye! -Hanna tembló, pero Aria ya se había ido. ¿Qué diablos acababa de ocurrir?
           Luego miró a su alrededor, su piel hormigueaba. Para su horror, varias personas de la iglesia estaban mirando por la puerta, directo hacia ella, como si hubieran escuchado cada palabra.
           Hanna se volteó y caminó en dirección opuesta por el pasillo, lejos de la puerta por la que habían salido Spencer y Aria. Llegó a un  pasillo lleno de salas de conferencias y se dejó caer por la pared hasta que su trasero tocó el frío suelo de linóleo. Quería llorar, pero no podía. Era extraño sentirse enojada y adormecida a la vez, pero ese era el único modo de describirlo.
           Luego de un tiempo, escuchó pasos. Mike estaba de pie sobre ella.
- Han. -dijo, agachándose.
           Hanna lo miró. Había estado tan desconcertada que ni siquiera se había dado cuenta de que él había venido.
           - Hola -Mike dijo gentilmente, tomando sus manos-, ¿estás bien? ¿Por qué se fueron de la iglesia? ¿Qué ocurrió?
           Hanna tragó saliva, luego miró en la dirección en que sus amigas habían corrido.
- Oh, solo que dos de las pocas cosas buenas que me quedan en la vida, se están desmoronando. -dijo, con voz entrecortada, dándose cuenta  mientras lo decía de que era completamente cierto.


4 comentarios:

  1. Me estoy muriendo por este libro, gran trabajo!!!!! *-*

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  2. sos una genia !! gracias por el gran trabajo que realizas. me encanta tu blog.
    cualn de todos los libros es el que mas te gusta?

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    Respuestas
    1. Graacias :)

      Yo creo que Heartless, aunque la ultima (y única) vez que lo leí fue hace mucho, recuerdo que ese me encantó :D

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  3. Que triste este capitulo :c

    Genial blog, me encanta <3

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