lunes, 30 de diciembre de 2013

Crushed - Capítulo 16: El encuentro de las mentes

Traducido por: Daniela
Corregido por: Brayan y Maite.

            La noche del Martes, Spencer estaba sentada en la mesa de la cocina con Amelia, sus libros escolares estaban dispersos frente a ellas y la estación de música clásica estaba puesta a volumen bajo. A Spencer le gustaba hacer su tarea en la mesa de la cocina. Y resultaba que a Amelia también le gustaba, lo que significaba que la cocina se había vuelto en una guerra territorial.

            Un mensaje privado llegó al laptop de Spencer. Era Chase. Hola, Britney.
                      
            Spencer sonrió. El alias de Chase estaba comenzando a gustarle. Pero ella dudó antes de responder.  Una cosa era romper las reglas del internet en una conexión súper segura, pero probablemente A había estado espiando su laptop por meses.
                      
            Se levantó de la mesa y corrió a la oficina de su madre, un rincón escarbado tras la bodega. El computador de la señora Hastings estaba puesto en un sitio web de una receta vegana. Spencer salió de ella, e inició sesión con el nombre en pantalla de mensajería instantánea de su madre, RufusYBeatrice—a la Sra. Hastings le gustaba enviar mensajes privados a Spencer para decirle que la cena estaba lista y cosas como esa. Encontró el nombre en pantalla de Chase, se hizo amiga de él, y le dijo que era Britney, solo usando la cuenta de su mamá en vez de la de ella.
                      
            Luego de un momento, apareció otro mensaje de Chase. Dos cosas: Primero, he contactado a Billy Ford para ver si él había tenido alguna interacción con Alison antes de ser arrestado.

            Spencer casi dejó caer su botella de agua de coco. Billy Ford era el tipo que había sido incriminado por asesinar a Su Ali—él había sido uno de los tipos que había cavado el agujero donde fue encontrado el cuerpo de Ali. La gente también pensó que él era A. La policía encontró fotos de Spencer y las otras en el laptop en su camión. Pero la Verdadera Ali las había puesto allí.

            ¿Te dijo algo interesante? Spencer preguntó. Si recordaba bien, Billy le dijo a la policía que la única vez que él había visto a Alison—o, más bien, Courtney—fue cuando él había trabajado en su gazebo cuando las chicas iban en séptimo grado. Él no tenía idea de cómo la Verdadera Ali había puesto esos archivos en su computador.

            Él me dijo que unos días antes de que todas esas cosas fueran encontradas en su camión, alguien de Geek Squad fue a su casa y ofrecieron hacer un escaneo gratuito de seguridad. Quizás esa persona ayudó a incriminarlo. Quizás ellos estaban trabajando con Alison.
                      
            Los ojos de Spencer se iluminaron. ¿Era un chico o una chica?
                      
            Él dijo que era un chico. Pero apenas lo recuerda. No pudo seleccionarlo de la lista de culpables.
                      
            Spencer descansó su cabeza sobre el escritorio de su mamá. Otro cabo suelto.
                      
            Hubo otro ping. Segundo, acabo de recibir unas fotografías interesantes de Ali y su hermana cuando eran menores. Quizás vislumbraran una conexión.
                      
            Spencer miró sobre su hombro en caso de que Amelia estuviera mirando desde la cocina. ¿Dónde las encontraste? Escribió.
                      
            El cuadro de texto se iluminó otra vez.  No me creerías la clase de gente que sale de debajo de la tierra cuando corres un blog de teorías conspirativas. Obtengo toda clase de cosas raras sobre toda clase de temas. Estas las tuve de un anónimo, pero realmente creo que son legítimas. Emocionante, ¿cierto?
                      
            Spencer se echó a la boca un trago de agua de coco. Cada vez que algo era hecho anónimamente, su primer pensamiento era que fue hecho por A. Pero ¿Por qué A enviaría fotos de las gemelas DiLaurentis a un blog de conspiraciones?
                      
            Si es emocionante, respondió—y lo decía en serio. No solo encontrar nuevas evidencias, sino que también hablar con alguien que estaba tan interesado en el tema como Spencer. No solo alguien, tampoco, sino que un chico inteligente, interesante, divertido, e intrigante. No es que Spencer tuviera un flechazo con él ni nada.
                      
            Está bien, quizás sí.
                      
            La idea de él era simplemente tan atrayente. Toda la investigación que había hecho sobre Ali, su historia trágica sobre ser acechado, incluso su elección de palabras en sus conversaciones. La noche anterior, él había usado la frase Si yo pudiese optar, lo cual era tan adorablemente anticuado que Spencer había chillado de deleite. Chase era inteligente y divertido…Y ambos querían derribar a Ali. Como que se sentía que eran un dúo de superhéroes, conectados vía internet. Seguramente había una foto de él en internet, ¿cierto? Pero Spencer había pasado horas la noche anterior buscando en toda clase de sitios. El trabajo que él había hecho con la policía. La historia del acecho. No había ni una sola imagen de él en ningún lado—por supuesto, la ayudaría saber su apellido.
                      
            Ella tenía que conocerlo.
                      
            Miró la pantalla y respiró profundo. Realmente quiero verlas, escribió. Pero no quiero que me las envíes por internet. ¿Crees que podamos juntarnos en persona? Podría ser riesgoso revelar quién ella era realmente, pero quería correr el riesgo.
                      
            El cursor parpadeó…y parpadeó…y parpadeó. No apareció un mensaje nuevo. Las mejillas de Spencer quemaban. Esto se parecía a aquella la vez en séptimo grado cuando Spencer y Ali estaban compitiendo sobre quién podía besar el mayor número de chicos mayores. Spencer se había acercado a Oliver Nolan, el jugador campeón en la Preparatoria St. Francis, y le pidió un beso, y él la rechazó de plano. Ali había estado mirando—se rio a carcajadas.
                      
            Hubo un ruido en la puerta frontal. Spencer se levantó de la silla del escritorio de su mamá, corrió por la cocina y por el pasillo, y miró por la ventana lateral. Emily estaba en el pórtico. Su camioneta Volvo pegaba tragos en la cuneta; la cabeza rubia de Iris podía verse en el asiento del copiloto.
                      
            - ¿Qué ocurre? – Spencer susurró cuando mientras abría la puerta.
                      
            Emily miró de derecha a izquierda, luego tiró de Spencer por el pasillo y hasta el tocador. Cerró la puerta y prendió el ventilador del techo, el cual sonajeaba ruidosamente, y abrió el grifo a máxima potencia.
                      
            - ¿Qué haces? – Spencer frunció el ceño al reflejo de Emily en el espejo. - ¿Qué hay de Iris?
                      
            - Ella estará bien – Emily le aseguró. – Quiero asegurarme de que nadie oiga. Acabo de enterarme de que Ali tenía un novio especial, alguien de afuera. Los dos se juntaron tan pronto como ella salió de La Reserva después de que Ian fuera arrestado. Hay un tallado en el Parque Estatal Keppler Creek que dice Amo a Ali D con la fecha del año pasado.
                      
            - ¿El Parque Keppler? – Spencer se apoyó contra el lavamanos de pedestal. – Eso está casi en Delaware.
                      
            Emily se mordía su pulgar. – Lo sé. Quizás el novio es de allí. Ali dijo que él era su mejor amigo en todo el mundo. ¿Y si este amigo es su ayudante?
                      
            Spencer pensó en lo que Chase acababa de decir sobre Billy Ford: El empleado de Geek Squad que había plantado todas esas cosas en su laptop era un chico también. - ¿No dijo quién era?
                      
            - No. Pero quienquiera que sea quizás nos odiaba tanto como la Verdadera Ali. Quizás él estaba enojado porque dejamos a la Verdadera Ali en La Reserva y permitimos que Courtney estuviera libre. Suena como que estamos buscando a un chico, ¿cierto?
                      
            - Así que podría ser Jason, - Spencer dijo – O Wilden. O… espera. – Salió disparada del tocador, arriba por las escaleras, y tomó la lista enrollada que habían hecho en la habitación del pánico que había guardado en una caja con candado bajo su cama. La desenrolló sobre el lavabo y tachó los nombres de chicas. Jason y Wilden seguían en la lista.
                      
            - Si era alguien que estaba enfadado porque la Verdadera Ali fue encerrada, este chico tendría que haber conocido a la Verdadera Ali antes de que Courtney hiciese el cambio, ¿Cierto? – Emily murmuró mientras miraba la lista. – Jason tiene sentido, obviamente, pero no puedo imaginármelo matándola.
                      
            - Así es como yo me siento en cuanto a Wilden. – Spencer murmuró. – Él odia a Ali con una pasión—y de todos modos, como que Ali-como-A lo avergonzó con todo ese asunto de ser Amish el año pasado. – A había enviado a Emily a buscar una aguja en un pajar a un pueblo Amish, donde Emily había expuesto las raíces de Wilden.
                      
            Emily asintió. – Eso era algo que él definitivamente no quería que la gente supiera. Si él fuera el ayudante de A, no sé por qué habría permitido eso.
                      
            Spencer puso un signo de pregunta junto al nombre de Jason y dibujó una línea débil a través del de Wilden. Miraron la lista otra vez. Graham. Noel.
                      
            Spencer miró la cara pálida de Emily en el espejo. - ¿Has hablado con Aria últimamente? – preguntó con calma.
                      
            - No ha respondido mis llamadas. – Emily tragó saliva. – Creo que está molesta porque le estamos haciendo muchas preguntas sobre Noel.
                      
            - Me siento terrible por eso, - Spencer dijo – Pero… - se desconcentró, sus pensamientos aún no se enfocaban. Había revisado un montón de recuerdos sobre Noel los últimos días, y algunos detalles preocupantes habían surgido. Como el cómo el día después de que empujaron a Tabitha por el techo, las chicas se juntaron en la habitación de Spencer para discutir lo que deberían hacer. Mientras estaban en pánico, Spencer escuchó sonidos en el pasillo, miró por el ojo de pescado y vio a Noel de pie junto a la puerta, mirando a algo en su celular. Ella abrió la puerta y lo miró. - ¿Puedo ayudarte?
                      
            - ¡Oh! – Noel parecía sorprendido. – Solo estaba viendo si Aria estaba aquí. Quiero llevarla a desayunar.
                      
            Aria corrió al lado de Noel, y la conversación terminó. Spencer no había pensado mucho en eso—solo había estado agradecida de que Noel no hubiese oído nada. ¿Pero y si él había oído algo? ¿Y si él ya sabía sobre lo que habían estado hablando porque él había estado allí la noche anterior?
                      
            - ¿Qué tal va tu búsqueda? – susurró Emily. - ¿Has averiguado algo?
                      
            Spencer se enderezó. – Bueno, si Ali escapó de la explosión, podría haber un indicio de una enfermera privada que ella contrató para ayudarla a recuperarse de las quemaduras. Estoy tratando de averiguar dónde vive la enfermera y lo que sabe.
                      
            - Wow – Emily parecía sorprendida. - ¿Cómo averiguaste todo eso?
                      
            - Oh, ya sabes – Spencer dobló nerviosamente la toalla de manos una y otra vez. Ya podía oír la respuesta de Emily si le dijera que estaba comunicándose con un blogger de conspiraciones: ¿Estás loca? ¡Eso es muy peligroso!
                      
            - ¿Crees que Ali sabe que estás buscándola? – Emily susurró.
                      
            Spencer levantó una vela aromática y la volvió a colocar. – Espero que no.
                      
            Emily miró el reloj Nike en su muñeca. – Mejor vuelvo con Iris antes de que decida irse sin mí. Pero al menos estamos progresando.
                      
            - Solo tenemos que seguir insistiendo – Spencer dijo.
                      
            Encaminó a Emily a la puerta, su cerebro nadaba. Cuando cerró otra vez, el revelador ping de un mensaje privado se escuchó por el pasillo. Corrió de vuelta a la oficina de su mamá. La pantalla estaba parpadeando. Chase había respondido.
                      
            Muy bien, Britney. Juntémonos. ¿Museo Mütter en una hora?
                      
            - ¡Sí! – Spencer exclamó, saliéndose del programa. Corrió por la cocina, con una gran sonrisa en su rostro. Amelia se rio de ella. - ¿Por qué estás tan feliz?
                      
            - Nada – Spencer dijo cortantemente, serpenteando por el pasillo. Pero hubo un pequeño brote en su paso y un millón de mariposas golpeando su estómago. Está bien, quizás ella estaba feliz de juntarse con Chase.
                      
            Solo un poco.
           
            Cuarenta y cinco minutos después, Spencer pagó el parquímetro en la Avenida 21 y caminó por el empedrado café por la calzada. MUSEO MÜTTER DE RAREZAS MÉDICAS, decía un letrero a la antigua en un poste. Spencer había estado aquí una vez dos años atrás en un viaje escolar y casi vomitó varias veces. No solo era que el lugar olía abrumadoramente a formaldehído, sino que una de las atracciones era un montón de cajones con varios objetos que gente había tragado. También había un gran tracto digestivo humano metido en un gran jarro. No era exactamente lo suyo.
           
            Se puso una peluca rubia de Britney Spears en su cabeza—solo parecía que encajaban, después de todo—y sacó un par de Ray-Bans y se los puso en los ojos. A pesar de que los guías del museo la miraron como si estuviera loca, ella pagó su entrada con la frente en alto.
           
            El museo era esencialmente solo una habitación con exhibidores en el área. Una pareja miraba los esqueletos colgando. Una vieja mujer examinó el colon más largo del mundo. Parecía que era bien claro que A no estaba aquí, pero ¿Y Chase? Spencer miró a un hombre viejo de apariencia lujuriosa que sonreía a los gemelos siameses preservados y tuvo un mal presentimiento.
           
            - Um, ¿Hola?
           
            Saltó y se dio vuelta. Junto a un guardia de seguridad estaba un chico con cabello castaño y alborotado, mandíbula cuadrada, hombros anchos, y largas y flacas extremidades. Se sacó sus lentes de sol, revelando penetrantes ojos verdes.
           
            - Soy Chase – él dijo. - ¿Eres tú…?
           
            Spencer caminó hacia él aturdidamente. Chase tenía gruesas y expresivas cejas. Su cuerpo se veía firme y en forma bajo su remera y pantalones militares. Y cuando sonrió, toda su cara se iluminó.
           
            - H-hola – dijo ella temblorosa cuando se acercó, sintiéndose ridícula con la peluca y los lentes. – Yo soy, um, Britney, - Hizo un gesto hacia su peluca y se rio.
           
            - Es genial conocerte – Chase estiró su mano para estrecharla.
           
            - Es genial conocerte también – Spencer respondió, su mano tembló cuando Chase la tocó.
           
            Se miraron el uno al otro por unos segundos. Spencer estaba agradecida de haber usado el minivestido de seda estampado, el cual mostraba sus largas piernas. No podía alejar su mirada de los bíceps de Chase. Se veía como el tipo de chico que podría levantarla y darla vueltas sobre su cabeza sin siquiera sudar.
           
            Luego Chase sonrió. Spencer se rio nerviosamente en respuesta, - Lo siento – Chase admitió. – Es solo que normalmente no me junto con gente de este modo.
           
            - Lo sé. Yo tampoco. – Spencer dijo.
           
            Chase se sentó en una banca cerca de la tienda de regalos, sus ojos seguían en ella como si ella fuera la única cosa interesante en la habitación—quizás en el mundo. Cuando el celular de Chase vibró, Spencer sonrió incómodamente y se alejó. Chase miró la pantalla. Se encogió y comenzó a escribir inmediatamente.
           
            - Lo siento, - murmuró, inclinando su celular. – Esto solo tomará un segundo.
           
            - No hay problema – Spencer dijo. - ¿Emergencia del blog de teorías conspirativas?
           
            - Algo así – Chase murmuró.
           
            Volvió a poner su celular en su bolsillo y miró a Spencer nuevamente, desde su peluca rubia hasta sus botas puntiagudas de Loeffler Randall. Luego de un momento, tocó el brazalete plateado en la muñeca de Spencer. – Es realmente lindo
           
            - Oh, gracias. – Spencer lo giró. – Mi mamá me lo dio. Es de Prendergast’s.
           
            - ¿En Walnut? – Chase preguntó. – Solía llevarle cosas de allí a mi novia todo el tiempo.
           
            Spencer lo miró. - ¿Es una…novia actual?
           
            - Nah. – Chase puso sus brazos alrededor de sus propias rodillas. – Se acabó hace mucho. Antes de, um, lo del acecho.
           
            Spencer asintió rápidamente. Por la mirada en la cara de Chase, parecía que él no quería hablar de eso realmente. Ella no lo culpaba; a ella no le gustaba hablar sobre lo que Ali le había hecho tampoco.
           
            - ¿Qué hay de ti? – Chase preguntó. - ¿Saliendo con alguien?
           
            Spencer estudió sus pies. – Había alguien, pero…
           
            Repentinamente, la historia de Reefer se le salió por la boca. Aunque mientras la explicaba, se dio cuenta de que realmente no extrañaba a Reefer tanto como hace unos días. Tenía mucho más en mente como para pensar en él.
           
            - Eso apesta. – Chase admitió cuando ella terminó. – Tiene que ser un verdadero idiota como para haber abandonado a alguien como usted, Srta. Spears.
           
            Spencer enrolló un mechón de cabello falso en su dedo. – Sabes, lo peor de que me dejara fue que lo hizo dos semanas antes del baile de graduación. No hay nadie a quien pueda invitar. Tendré que ir sola, lo cual es más que depresivo.
           
            - Qué idiota. – Chase dijo, acomodándose. Cuando Spencer levantó la mirada, había una pequeña sonrisa esperanzada en su cara. De repente, se le ocurrió una idea. ¿Podría invitar a Chase al baile? Se vería impresionante en traje. Pero no, eso era loco. Apenas se conocían.
           
            Buzz. Era el celular de Chase otra vez. Esta vez se levantó y dio unos pasos antes de mirar la pantalla y escribir de vuelta.
           
            Cuando terminó, estaba concentrado nuevamente, rebuscando en su bolsillo. – Como sea. Tengo las fotos que querías ver.
           
            Le pasó tres brillantes papeles de siete-por-cinco pulgadas. Eran varias imágenes de partes que ella asumió que eran de la vida de la Verdadera Ali. La primera era una foto de gemelas rubias como de cinco años. Ambas usaban overoles morados, tenían moños rosados en sus cabelleras y estaban sonriendo. Spencer pudo ver un aire de Ali en ambas caras. Era imposible decir quién era quién.
           
            -Creo que esta es de cuando vivían en Connecticut – Chase explicó. – No nos dice mucho del caso, solo que las gemelas no siempre se odiaron. – exhaló. – Se oían locas ¿o no? Pensándolo bien, esos padres también deben haber sido tarados. ¿Quién no nota cuando sus hijas intercambian lugares?
           
            - De verdad. – Spencer murmuró, preguntándose qué diría Chase si supiera que esas mismas gemelas eran sus medio-hermanas.
           
            Avanzó a la siguiente foto y se sorprendió ante la familiar imagen. Dos chicas rubias en el patio trasero de los DiLaurentis en Rosewood. Ali— ¿O era Courtney? —mirando la cámara, y la segunda rubia, quien todos una vez pensaron que era Naomi Zeigler, miraba a otro lado. Una inocente Jenna Cavanaugh estaba junto a ellas, con una expresión en pausa. Spencer había visto esta fotografía antes: La Verdadera Ali-como-A se la envió a Emily junto a una nota que decía, Una de estas no pertenece. Averígualo rápido...o verás. Nunca se había siquiera acercado a averiguar por qué Ali se la envió a Emily. Para inculpar a Jenna, quizás—ella murió poco después y probablemente sabía demasiado para su propio bien.
           
            Spencer levantó la mirada. - ¿Vas a ponerlas en tu blog?
           
            Chase negó con la cabeza. – No voy a publicar nada hasta tener más pruebas.
           
            - Desearía que supieras quién te las envió. ¿No había un mensaje con ellas? ¿Nada?
           
            Chase se encogió de hombros. – Simplemente llegaron.
           
            Spencer tembló. ¿La había enviado la Verdadera Ali? Solo que, ¿por qué? ¿Para molestarlas? ¿Para mostrarles lo invisible y evasiva que era?
           
            Cambió a la última foto. En esta, Ali daba la cara a la cámara. Se veía mayor, casi mayor como la chica que ellas conocieron el año pasado, y usaba un par de pijamas blancos. Estaba de pie en la sala de esparcimiento de La Reserva—Spencer reconoció los recortes de cartulina en la pared. Alguien estaba de pie junto a ella también, pero Ali levantaba una mano que bloqueaba su cara. ¿Era otro paciente? ¿Su novio? ¿El ayudante de A?
           
            El teléfono de Chase volvió a sonar. Escribió una respuesta, luego puso su teléfono a un lado. – Lo siento, pero tengo que irme.
           
            - ¿Ya te vas? – dijo.
           
            Chase parecía sorprendido por su reacción. - ¿T-te gustaría volver a quedar? – preguntó, con un aire de esperanza en la voz.
           
            Spencer asintió rápidamente, luego se sintió como una idiota desesperada. – Para hablar del caso de Ali, claro. Tienes ideas realmente buenas.
           
            Por medio segundo, Chase casi se veía decepcionado, pero luego sonrió. – Definitivamente – dijo. – Me gustaría…mucho. – Estiró su mano para estrechar la de Spencer, pero ella lo acercó y lo abrazó. Él olía a cuero y a desodorante de aroma cítrico. Le tomó toda la fuerza de voluntad a Spencer para no pasar sus dedos por su cabello.
           
            Chase se alejó de Spencer, la estudio una vez más, y corrió su dedo pulgar por la mejilla de ella. Toda la columna vertebral de Spencer cosquilleó. – Quizás la próxima vez me dirás quién eres, Britney – él molestó. Y luego se dio vuelta y salió del museo, sus zapatillas casi no hacían sonidos.
           
            Spencer lo siguió a cierta distancia y vio cómo salió a la calle y dobló a la derecha en Market. Cuando se fue, ella se dejó caer en las escaleras de entrada de un edificio totalmente embelesada. Eso. Fue. Impresionante.
           
            Crack. Algo sonó al otro lado de la calle. Spencer se levantó, de repente alerta. Una botella vacía de Coca-Cola dietética rodó bajo un auto. Una cara apareció en el parabrisas de una van a su derecha, pero cuando se volvió para ver, no había nadie allí.
           
            Cuando su celular sonó, ella casi lo predijo. Pero era su celular antiguo—había recibido un e-mail en su cuenta del colegio. A pesar de que no era de A, Spencer parpadeó con fuerza al ver las palabras.
           
            Spencer, tengo unas cuantas preguntas más para ti. Me pasaré mañana para conversar. En tu casa, a las 4 PM. Por favor responde para hacerme saber que recibiste este mensaje.
           
            Sinceramente,
            Jasmine Fuji.
           
            El dedo de Spencer dudó en apretar el botón de RESPONDER. Pero luego, tragándose un nudo en su garganta, presionó BORRAR.

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