viernes, 3 de mayo de 2013

Stunning - Capítulo 20: Una olla de oro




Esa misma tarde, Spencer dejó el sórdido Motel 6 en las afueras del campus de la Universidad de Princeton, donde se había estado quedando desde el desastre de la fiesta de la noche anterior, y se dirigió hacia la estación del tren. La lluvia se había abatido y el sol había salido, haciendo que las aceras brillen y el aire oliera a flores frescas. La gente guardaba sus paraguas y se quitaban los gorros de sus chaquetas. Un par de jugadores de Ultimate Frisbee salieron de la residencial y continuaron sus juegos. Cualquier otro día, Spencer hubiera tomado la oportunidad de sentarse en una de las bancas y simplemente mirar el esplendor que era la Universidad de Princeton. Pero hoy, solo se sentía exhausta.

Partiendo casi inmediatamente después de que la policía se llevó a Harper de la fiesta, Spencer le envió un mensaje a Harper con muchas y abundantes disculpas, pero Harper no había respondido. Tampoco lo hicieron Quinn o Jessie ni nadie más cuyos números se había conseguido antes del gran arresto de drogas. Spencer sabía que quedarse en la casa Ivy[1]—o cualquier otro lugar en el campus—no era una opción, así que googleó moteles locales en el área y se fue a la habitación del Motel 6 casi a media noche. Todo lo que quería era poder dormir y olvidar todo lo que había ocurrido, pero se mantuvo despierta casi toda la noche por la música tecno que venía de la librería de adultos junto al motel. Su cabello estaba grasoso por el shampoo del motel, su piel picaba por las sabanas de algodón barato, y su cabeza daba vueltas por lo terrible que era haber arruinado sus oportunidades de entrar al Ivy.

Estaba lista para irse a casa

Un grupo de adultos en atuendos de negocios pasaron, se veían honorables e importantes. Hanna dijo que Gayle había estado en el campus de Princeton. Era obvio que Gayle la había espiado la otra noche y había llamado a los policías delatando a Harper. Spencer entendía que esta mujer estaba enojada porque Emily no le había dado el bebé, pero ¿Qué lunática iba a tales extremos de meterse con chicas de la mitad de su edad?

Spencer vio a una rubia sentada en una banca, y Spencer paró de golpe. Allí, leyendo una novela de D.H. Lawrence y sosteniendo un café de Starbucks, estaba Harper

“Oh,” Spencer dijo. “¡H-hola!”

Harper levantó la mirada y frunció el ceño. Volvió a su libro sin decir una palabra.

“He estado tratando de contactarte,” Spencer se apresuró hacia la banca, dejando caer su bolso a sus pies, “¿Estás bien?”

Harper cambió de página. “Si querías meterme en problemas, no estás de suerte. Los policías no pudieron encontrar hierba conmigo. Me dejaron ir con una advertencia.”

“¡Yo no quería meterte en problemas!” Spencer gritó. “¿Por qué haría algo así?”

“Tú eras la única persona en la fiesta a quien no conozco muy, muy bien, y te veías bastante incómoda conmigo fumando.” Harper aun no dejaba de mirar el libro.
Una bandada de palomas aterrizó cerca a ellas, peleándose por migas de pizza. Spencer deseaba poder contarle a Harper sobre A, pero A provocaría un caos si ella lo hiciera. “Tengo algunos cadáveres en mi closet, así que estoy algo inquieta por si me pillan otra vez,” admitió en voz baja. “Pero nunca te delataría”

Harper finalmente miró a Spencer. “¿Qué ocurrió?”

Spencer levantó un hombro. “Una amiga y yo tomábamos drogas de estudio el verano pasado. Nos pillaron.”

Los ojos de Harper se expandieron. “¿Te metiste en problemas?”

“Me dejaron ir con una advertencia.” Spencer miró su bolso. No había motivo para hablar sobre lo de Kelsey ahora. “Me asusté mucho. Pero prometo que yo no te delaté. Por favor dame otra oportunidad.”

Harper marcó la página con un marcador con borla y cerró fuertemente el texto. Miró a Spencer por un momento como si estuviera tratando de opinar sus pensamientos. “Sabes, yo quiero que me agrades, Spencer,” dijo. “Si quieres compensarlo, hay un almuerzo mañana al que puedes venir. Pero hay una misión: Tienes que traer un plato.”

Spencer parpadeó. “¿Tengo que cocinar algo? ¿Donde se supone que encuentre una cocina?”

“Ese es asunto tuyo.” Harper metió el libro en su cartera y se paró. “Todos tienen que traer un plato. Es una olla común,”

“Muy bien,” dijo Spencer. “Se me ocurrirá algo.”

Las orillas de la boca de Harper lentamente se volvieron una sonrisa. “Te veo en la Casa Ivy mañana a las doce en punto. ¡Adiós!”

Se fue por la acera, sus caderas se balanceaban y su cartera rebotando en su trasero. Spencer cambió su peso de un pie al otro confundida. ¿Una olla común? ¿En serio? Eso sonaba como algo que Nana Hastings hubiera hecho para la liga femenina de la que una vez fue presidenta. Incluso el término olla común sonaba extrañamente como de los 1950’s, evocando imágenes de brillantes ensaladas de macarrones en Tecnicolor y moldes de gelatina.

Las palabras chocaban en su cabeza otra vez. Olla Común. Harper le había guiñado el ojo como si tuviera doble significado. Spencer se rio en voz alta, algo hizo click. Era una olla común—literalmente. Harper quería que ella cocine hierba[2] en un plato. Era la oportunidad de Spencer para probar que ella no era una policía del narcotráfico.

Las campanas del reloj dieron la hora, y las palomas se fueron de la vereda de una vez. Spencer se hundió en la banca, pensando mucho. A pesar de que odiaba la idea de comprar drogas otra vez, estaba desesperada por recuperar la simpatía de Harper—y entrar al Ivy.

Solamente, ¿cómo iba a conseguir hierba? No conocía a nadie allí a pesar de la gente a la que había conocido en la fiesta, y ellos probablemente no la ayudarían.

Se enderezó, golpeada por un relámpago de brillantez. Reefer. El vivía cerca de Princeton ¿o no? rápidamente buscó en su carera el trozo de papel que él le dio en la cena de Princeton. Agradecidamente, estaba arrugado en un bolsillo. Qué largo y extraño viaje ha sido, decía la nota.

Dímelo a mí, Spencer pensó. Luego mantuvo la respiración como entrando a una habitación con olor asqueroso y marcó su número, esperando que no estuviera cometiendo un grave error.


“Sabía que ibas a llamar,” Reefer dijo abriendo la puerta de una gran casa colonial en un vecindario a unas cuantas millas del campus de Princeton. Estaba vestido con una polera extra grande de Bob Marley, jeans anchos con un parche de una hoja de marihuana en la rodilla, y las mismas zapatillas de cáñamo que había usado en la cena en Striped Bass. Su largo cabello estaba guardado en uno de esos horribles gorros Jamaicanos de colores brillantes que cada drogo que Spencer había conocido amaba usar, pero él al menos se había afeitado la barba de chivo. Se veía un millón de veces mejor sin ella—No era que ella pensara que él era lindo ni nada.

“Aprecio que te tomes el tiempo de verme,” Spencer dijo remilgadamente, estirando su cárdigan.

My House is your house.” Reefer prácticamente estaba salivando cuando la escoltó al interior.

Los tacones de Spencer sonaban en el recibidor. El living era largo y angosto con alfombra beige y sofás y sillas de cuero. Volúmenes de antiguos Libro de la Enciclopedia Mundial de los ochenta estaban ordenados en las repisas, y un harpa dorada estaba en un rincón. Junto al living estaba la cocina, la cual tenía murales de pared en espiral psicodélico y un frasco de galletas con forma de una lechuza con mirada maliciosa. Spencer se preguntó si Reefer pasaba el rato aquí cuando él estaba drogado.

Sintió el aire. Extrañamente, la casa no olía a marihuana, sino que a velas de canela y enjuague bucal de menta. ¿Y si Reefer no fumaba en casa? O aun peor, ¿Y si era de esos chicos que solo pretendía que estaba drogado todo el tiempo pero en realidad le tenían miedo a esas cosas?

“Entonces, ¿Qué puedo hacer por ti?” Reefer preguntó.

Spencer puso sus manos en sus caderas, de repente estaba insegura. Había comprado drogas el verano pasado, pero eso involucraba contraseñas secretas y tratos en callejones traseros. Dudaba que comprar hierba fuera igual. Decidió ser directa y precisa: “Me preguntaba si pudiera comprar un poco de marihuana de ti.”
Los ojos de Reefer se iluminaron. “¡Lo sabía! ¡Sabía que fumabas! ¡Por supuesto que puedes! ¡Incluso podemos fumar juntos si quieres!”

Bueno, eso respondía su pregunta. “Gracias,” Spencer dijo, sintiéndose aliviada. “Pero no es para mí. Es para esta Olla común auspiciada por el Eating Club Ivy. Básicamente, quieren que todos lleven un plato que tenga hierba cocinada en él. Así que necesito un poco... y una receta. Es realmente importante.”

Reefer levantó una ceja. “¿Tiene algo que ver con que pusiste a esa chica en problemas en la fiesta de anoche?”

Los hombros de Spencer se pusieron tensos. “¡Yo no la metí en problemas! Pero si, es por eso. Harper es una gran influencia en Ivy, y quiero asegurarme de entrar.”

Reefer tocó una cuerda del harpa. “¿Ivy da fiestas de hierba? No sabía que eran tan geniales.”

¿Qué sabes? Spencer pensó, molesta. “Bueno, ¿tienes hierba para mí o no?”

“Por supuesto. Por aquí.”

Caminó por las escaleras hasta el segundo piso. Pasaron un pequeño baño de temática náutica y un dormitorio de invitados que tenía mucho equipamiento de ejercicios y finalmente entraron al dormitorio de Reefer. Era brillante y grande, con una cama tamaño Queen, estantes blancos, y una silla Eames blanca y un otomán. Spencer se había esperado un oloroso estudio de drogas con posters de ilusiones ópticas en los muros, pero este se veía como un dormitorio sacado de un hotel boutique en New York. Por supuesto, probablemente él no lo había decorado.

“Así que estás luchando para entrar al Ivy, ¿huh?” Reefer caminó hacia el closet al fondo de la habitación.

Spencer resopló. “Eh, Si. ¿No todos acaso?”

Reefer se encogió de hombros. “Nah. Es un poco aburrido para mí.”

“¿Una organización que apoya una olla común de hierba es aburrido?”

“Simplemente no me gustan las organizaciones.” Reefer puso organizaciones entre comillas con los dedos. “No me gusta ser puesto en una
Categoría, ¿sabes? Es muy opresivo.”

Spencer explotó de la risa. “Mira quién habla.”

Reefer la miraba en blanco, apoyándose en el bureau

“Solo digo que, ¿No estás mismo poniéndote en una categoría?” Spencer movió sus manos de arriba a abajo apuntando el cuerpo de Reefer. “¿Qué hay sobre todas la onda Rastafari que andas trayendo?”

Media sonrisa se formó en la cara de Reefer. “¿Cómo sabes que yo no soy más que solo esto? No deberías juzgar un libro por su portada.” Luego se dio vuelta hacia su closet. “¿Por qué te importa tanto entrar al Ivy, de todas formas? Tú no te vez como el tipo de chica que tendría problemas haciendo amigos.”

Spencer se resintió. “Eh, ¿porque ser parte de un Eating Club es un gran honor?”

“¿Lo es? ¿Quién lo dice?”

Spencer arrugó su nariz. ¿En qué planeta vivía este tipo? “Mira, ¿Puedo simplemente ver la hierba?”

“Por supuesto.” Reefer abrió las puertas de su closet y se hizo a un lado. Adentro había un gabinete alto y de plástico transparente con al menos treinta cajones. Cada cajón estaba etiquetado con cosas como Aurora Boreal y Mota de Poder. Adentro, Spencer pudo ver un pequeño bulto color verde grisáceo que se veía como una mezcla entre un montón de musgo y un dreadlock en cada uno de los cajones.

“Wow,” Spencer susurró. Se había imaginado que Reefer tendría sus provisiones en calcetines sucios bajo su cama, o enrollada en un montón de periódicos socialistas. El organizador estaba completamente limpio, y en cada cajón había la misma cantidad de hierba, como si hubiera sido compulsivamente pesado en una pesa. Al lado izquierdo de los gabinetes había variaciones de hierba como americano, Hermana de Buda, y Caramella. Al lado derecho, al fondo, había una variedad llamada Yumboldt—Spencer asumió que no había ninguna marihuana que comience con Z. Estaba en orden alfabético. Spencer sonrió por dentro. Si ella fuera una amante de la marihuana, probablemente organizaría sus provisiones de esta forma.

“¿Todo esto es tuyo?” preguntó.

“Ajá,” Reefer parecía orgulloso de sí mismo. “La mayoría yo la planté usando hibridización y técnicas de recombinación genética. Es completamente orgánico también.”

“¿Eres un traficante?” De repente se sintió nerviosa. ¿Era peligroso estar aquí?

Reefer negó con la cabeza. “Nah, es más como una colección. No trafico—excepto a chicas hermosas como tú.”
Spencer bajó los ojos. ¿Qué veía en ella Reefer, de todos modos? Una chica que fiera a la Lilith Fair, con las cejas con piercings, perturbadora bohemia parecía más de su tipo. “¿Qué tipo es buena para cocinar?” preguntó, cambiando el tema.

Reefer abrió un cajón y seleccionó un bulto verdoso. “Esta es súper delicada y realmente fragante. Huele.”

Spencer se alejó de él. “No es como si fuera vino.”

Reefer la miró condescendientemente. “En algunas culturas, distinguir diferentes tipos de hierba es mucho más refinado que tener un buen paladar para los vinos.”

“Supongo que tu eres el experto.” Spencer acercó el montón de marihuana a su nariz y respiró. “Ugh” alejó su cabeza, atacada por el familiar olor a hierba.

“Huele a trasero.”

“Novata.” Reefer se rió. “Sigue inhalando. Hay mucho más que solo eso. Es un secreto que está oculto.”

Spencer lo miró extrañada, pero luego se encogió de hombros y se movió para volver a inhalar. Luego de superar el rancio, asqueroso olor a marihuana, comenzó a notar otra esencia entremedio. Algo casi...fragante. Miró arriba, sorprendida. “¿Cáscara de naranja?”

“Exacto.” Reefer sonrió. “Es un híbrido de dos diferentes tipos de hierba que tienen características muy frutales. Yo mismo creé la mezcla.” Se dio vuelta y sacó otro capullo y lo puso bajo las fosas nasales de Spencer. “¿Qué tal este?”

Spencer cerró los ojos y respiró. “¿Chocolate?” Dijo luego de un momento.

Reefer asintió. “Se llama trozo de chocolate. Tienes una muy buena nariz.”

“Si solo hubiera una carrera de inhalar hierba,” Spencer bromeó. Pero profundamente, no podía evitar sentirse complacida. Le gustaba cuando alguien notaba que ella era buena en algo.

Se atrevió a sonreírle a Reefer, y él le sonrió de vuelta. Por un momento, se veía lindo. Sus ojos eran de un color dorado encantador. Si solo se deshiciera de esas estúpidas ropas, sería hermoso.

Luego Spencer bajó las orillas de sus labios, sorprendida por sus pensamientos. El humo de la hierba probablemente le estaba llegando. “¿Así que se puede poner esto en brownies?” preguntó.

Reefer aclaró su garganta y se alejó. “Sip. Tengo una gran receta que te puedo prestar también.” Sacó una carpeta de un librero organizado, extrajo un fichero, y se lo pasó a ella. Mágicos y Misteriosos Brownies decía el encabezado.

Spencer puso la tarjeta en su bolsillo. “¿Cuanto te debo?”

Reefer movió la mano. “Nada. Como te dije, no soy un traficante.”

“Quiero darte algo.”

Reefer pensó un momento. “Puedes responderme algo. ¿Por qué quieres ser parte de Ivy?”

Spencer se erizó. “¿Por qué te importa?”

Reefer se encogió de hombros. “Simplemente no entiendo los Eating Clubs. Parece que la mayoría de la gente se siente bien consigo mismas, pero ¿Realmente necesitas de un estúpido club para saber que eres genial?”

La cara de Spencer se calentó. “¡Por supuesto que no! Y si le preguntas a alguien que pertenezca a ellos, estoy segura de que eso no es por qué ellos son parte de ellos tampoco.”

Reefer resopló. “Por favor. Oí a esas chicas Ivy en la fiesta. Ellas mencionaban gente famosa que conocían para darse importancia como locas. Te garantizo que la única razón por la que son parte del club es para impresionar a sus padres o ganarle a sus hermanos o porque les da un grupo de amigos automático.

Es tan...seguro.”

La mente de Spencer daba vueltas. “Te aseguro que eso no es en lo que están pensando. Eso no es en lo que yo pienso tampoco.”

“Está bien.” Reefer se cruzó de brazos. “Dime en lo que estás pensando entonces.”

Spencer abrió su boca para hablar, pero no salieron palabras. De manera irritante, no podía pensar en ni una razón que Reefer podría entender. Aun peor, quizás estaba en lo cierto—quizás ella si quería un grupo de amigas automático. Quizás quería impresionar a sus padres, el Sr. Pennythistle, Amelia, Melissa, y todos en Rosewood Day que no creían en ella. Pero Reefer había hecho sonar como si querer esas cosas fuera superficial y poco audaz. Él la dejó como una impaciente e insegura pequeña niñita que solo quería hacer felices a mami y a papi, sin pensar por ella misma.

“¿Cuando lo dejas?” balbuceó, dándole la cara a Reefer. “¿Qué te hace tan alto y poderoso? ¿Qué hay de Princeton mismo? Ellos solo admiten a unas cuantas personas mientras rechazan a muchos otros. ¡No tienes problemas en ser parte de eso!”

“¿Quién dice que no tengo problemas con eso?” Reefer dijo tranquilamente. “Tu realmente no deberías—”

“Juzgar a un libro por su portada, lo entendí,” Spencer interrumpió enojada. “Quizás deberías escuchar tu propio consejo.” Buscó en su billetera y sacó dos de veinte y se los pasó a Reefer por la hierba. Él los miró como si estuvieran cubiertos de ántrax. Luego ella salió de la casa, golpeando la puerta tras ella.

El aire frío fue una bienvenida para su piel caliente. Su mandíbula dolía de apretarla tan fuertemente. ¿Por qué siquiera se preocupaba de lo que pensaba Reefer? No era como si fueran amigos. Igual, ella miró a la ventana de su dormitorio. Las persianas no estaban abiertas y Reefer no estaba mirando tristemente, rogando su perdón. Idiota.

Girando sus hombros hacia atrás, pisó los escalones y sacó su celular para llamar a la compañía de taxis para que la lleven de vuelta al motel. Sus ojos lagrimeaban, y ella retrocedió y olfateó la carcasa de cuero de su celular. Olía como la hierba que Reefer le había dado. Arrugó su nariz, maldiciendo el olor. Ya no olía a dulce y agria cáscara de naranja. Quizás nunca fue así.



[1] Ivy: Eating Club de honor

[2] Olla común en inglés: Potluck. Pot:hierba (marihuana)


Capítulo 19 | Capítulo 21

9 comentarios:

  1. excelente trabajo!! gracias por la traduccion!!

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  2. Gracias por estar traduciendo el libro, no lo encontraba en ningún lado.

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    Respuestas
    1. :O tu nombre es como el de Kelsey! ajajaj :) gracias por comentar, saludos :)

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  3. Gracias por traducirlo!! de verdad!!! Saludos ;)

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