lunes, 29 de abril de 2013

Stunning - Capítulo 18: La casa de sus sueños


“¡Bienvenidas al puertas abiertas!” una animada agente inmobiliaria con una melena negra y tiesa dijo mientras acompañaba a Aria y a Emily por la puerta abierta de la casa 204 en Ship Lane. Le pasó en la mano a cada una una tarjeta de presentación. “Mi nombre es Sandra. ¡Pase a mirar!”

Emily dio vuelta la tarjeta. Permítame encontrarle la casa de sus sueños, decía el slogan de Sandra. “De hecho, me preguntaba si—” comenzó a decir, pero Sandra ya estaba atendiendo a una nueva pareja que había entrado tras ellas.

Sacudiendo su paraguas y sacándose el gorro de su abrigo para la lluvia, Emily entró al recibidor de la casa por la que había estado obsesionada los últimos siete meses. Estaba vacío, y solo quedaba poco rastro de los Bakers. El aire olía a vela de menta y a Windex. Las murallas estaban pintadas de un azul alegre, y en el closet abierto había un envoltorio plástico azul del Centinela de Philadelphia.

Había pequeños rasguños en el piso de madera dorada, de garras de perro, y alguien había dejado un adorno de ojo de dios colgando en la puerta.

Emily miró la línea de metal que separaba el recibidor con piso de cerámica del living con piso de madera, asustada de entrar aun más en la casa. ¿Realmente estaba lista para ver este lugar?

            Aria se dio vuelta hacia Emily, como si sintiera su recelo. “¿Estás bien?”

            “Ajá,” Emily dijo aturdida. “Gracias por juntarte conmigo.”

            “No es problema.” Aria tenía una mirada preocupada, pero cuando notó que Emily la estaba mirando, rápidamente sonrió otra vez.

            “¿ estás bien?” Emily preguntó.

            La mandíbula de Aria tembló. “No quiero molestarte con eso. Ya tienes suficientes problemas.”

            Emily giró sus ojos. “Vamos. ¿Qué?”

            Luego de un momento de duda, Aria se acercó, sus aros de plumas rozaban las mejillas de Emily. “Está bien. Me llegó una nota de A hace como una hora.”

            La boca de Emily se abrió de golpe. “¿Qué decía?”

            Aria juntó sus brillantes labios. “No importa. Algo estúpido. Pero yo estaba en la casa de Noel, y A tomo una foto de algo al final de la entrada de Noel. A estuvo tan cerca, y no pude ver quién era.”

            Un escalofrío subió por la espina dorsal de Emily. “¿Recuerdas la nota que yo recibí en mi auto en el puente cubierto? ¿Esa de mí con Tabitha? A también estaba muy cerca.”

            Aria se salió del camino de dos personas más que habían entrado por la puerta frontal. “¿Cómo es que seguimos perdiéndonos a A? ¿Y cómo lo hace A para saber siempre dónde estamos?”

            “Ali siempre sabía donde estábamos,” Emily dijo calmadamente.

            Los hombros de Aria se cayeron. “Em, A no es Ali. No hay modo.”

            Emily cerró los ojos. Estaba tan cansada de tener la misma discusión una y otra vez. Pero ella no podía explicar por qué estaba convencida de que Ali no estaba muerta—tendría que confesar que había dejado la puerta abierta en la casa incendiada en Poconos.

            Aria entró al living. La alfombra azul tenía profundas marcas de donde habían estado los muebles. “A es Gayle definitivamente, Em. ¿Recuerdas lo extraña que actuaba ese día en la cafetería? Es completamente capaz de perseguirnos.”

            “Pero no tiene sentido.” Emily miró por sobre su hombro para asegurarse de que una pareja de ancianos que usaban sweaters con rombos no estaba escuchando. “Gayle no tiene conexión con Jamaica. ¿Cómo podría saber lo que hicimos?”

            “¿Estás segura de que no le dijo nada a nadie?” Aria preguntó. “¿Qué hay de ese amigo tuyo, Derrick? El trabajaba para Gayle, ¿cierto? ¿Estás segura de que no se te salió nada sobre Tabitha?”

            Emily se dio vuelta y miró a Aria. “¡Por supuesto que no! ¿Cómo puedes siquiera pensar eso?”

            Aria levantó las manos en rendición. “Lo siento. Solo trato de cubrir todas las bases.”

            La voz de Sandra se escuchó en la otra habitación, diciéndole a un potencial comprador los metros cuadrados y las renovaciones de la cocina. Emily trató de tragarse su molestia, sabía que Aria no estaba tratando de acusarla de nada. Caminó hasta el living y subió las escaleras al segundo piso. El dormitorio principal era la primera habitación a la derecha.

            La habitación estaba pintada color gris y tenía cortinas de madera en las ventanas. Emily se podía imaginar una cama en una pared, una cómoda en otra. Pero no se podía imaginar a los Bakers viviendo entre esos muros. ¿Serían noctámbulos o mañaneros? ¿Comían galletas y papas fritas en la cama, dejando migas en las sabanas? ¿Cuántas lágrimas habrían acobijado por no poder tener un hijo?

            Fue una de las primeras cosas que los Bakers le dijeron a Emily cuando ella los conoció—habían tratado por cuatro años sin resultados. “Ambos trabajamos con niños todo el día, y nos encantaría tener unos nuestros,” la Sra. Baker dijo seriamente. “Siempre hemos querido ser padres.” Los dedos del Sr. Baker apretaban la mano de su esposa fuertemente.

            Ahora, Emily caminaba en el perímetro de la habitación, tocando el interruptor de la luz, siguiendo una pequeña trizadura en la pared, y asomando su cabeza en el closet vacío. Se podía imaginar lo encantados que los Bakers habían estado cuando supieron que ella los había escogido como los padres adoptivos de su bebe. Probablemente se habían tendido en la cama esa noche, soñando con su hijo, fantaseando sobre clases de natación, vacaciones, y el primer día de escuela. Luego se imaginó el shock de los Bakers cuando supieron que Emily había cambiado de opinión. Le preguntó a Rebecca, la coordinadora de adopción, que les pase el mensaje—había sido muy gallina como para decírselo ella misma a los Bakers.

            Rebecca había estado confundida. “Entonces... ¿Te quedas con el bebé?” preguntó.

            “Eh, solo me salió otra alternativa,” Emily dijo evasivamente, no quería admitir que había encontrado otros padres adoptivo—o que Gayle le había ofrecido un montón de dinero.

            La coordinadora llamó de vuelta un poco más tarde y le dijo a Emily que los Bakers habían sido muy corteses con su decisión. “Quieren que tu bebe tenga el mejor hogar posible, y si tú crees que eso es en otro lugar, lo entienden,” Rebecca dijo. De cierto modo, eso decepcionó a Emily: Hubiera preferido que se hubieran puesto furiosos con ella. Se lo merecía.

            Emily pensó un montón en los Bakers luego de que tomó la decisión de darle el bebé a Gayle, especialmente luego de que Gayle comenzó a llamar a Emily todo el tiempo. Cada vez que el teléfono de Emily sonaba, era Gayle, viendo cómo estaba. Al comienzo, Emily lo dejó pasar, racionalizando el hablar rápido de Gayle, su risa temblorosa, sus preguntas nerviosas. Solo estaba emocionada, ¿cierto? Trató de justificar por qué no había conocido al marido de Gayle, el potencial padre, aun—Gayle dijo que él estaba muy ocupado, pero estaba cien por ciento abordo. Cuando su teléfono comenzó a sonar cada hora, Emily dejó pasar las llamadas a buzón de voz, la ansiedad crecía más aguda y más amarga en su interior. Algo no estaba bien. Comenzó a buscar medios para salirse de eso. Le temía al día en que tuviera que entregar al bebé.

La gota que derramó el vaso fue dos semanas antes de la cesárea programada de Emily. Derrick le había pedido a Emily que lo recoja en la casa de Gayle luego del trabajo un sábado; iban a ir al acuario de Camden. Emily no le había dicho a Gayle que iba a ir; estaba muy cansada como para lidiar con ella. Luego de estacionar el auto en la gran entrada, caminó hacia la puerta principal y miró por la ventana. Gayle estaba de pie en el recibidor con su espalda hacia Emily, hablando por teléfono. “Si, es cierto,” estaba diciendo. “Tendré un bebé. Lo sé, lo sé, apenas he ganado peso, pero supongo que soy una de esas embarazadas afortunadas.”

            Emily casi se cayó del pórtico. ¿Qué clase de loca persona pretendía que estaba embarazada cuando no lo estaba? ¿Iba a tratar de pasar a la bebé de Emily como si fuera suya? Le dejó un sabor terrible en la boca. Los Bakers le habían dicho a Emily que la bebé sabría que había sido adoptada. Incluso le contarían sobre Emily. ¿Sobre qué más sobre el bebé mentiría Gayle?

            Ella huyó de vuelta a su auto, prendió rápido el motor, y condujo lejos, muy enojada para siquiera dejarle un mensaje a Derrick. Todo estaba tan claro en ese momento. No había modo de que Gayle recibiera su bebé. El dinero no importaba. La vida privilegiada que el bebé podría tener bajo el cuidado de Gayle no importaba. Así que, el día siguiente, llamó a Gayle y le dijo que el doctor le había reprogramado la cesárea para dos días después de lo originalmente planeado. Luego llamó a Aria, Hanna, y Spencer, pidiéndoles su ayuda.

            “¿Emily?” Aria dijo ahora. “¡Em, tienes que venir a ver esto!”

            Emily siguió la voz de Aria hacia un pequeño dormitorio por el pasillo. “¡Mira!” Aria dijo, abriendo los brazos.

            Emily dio una vuelta. Los muros estaban pintados con líneas verdes y amarillas. En el muro lejano había un mural de un tren de circo, un leo, tigre, elefante, y un mono mirando por los vagones. Arriba del mural había una calcomanía que decía Violet, la o era una carita feliz, y la t tenía una flor en la parte de arriba.

            “Era su habitación,” Aria susurró.

            Los ojos de Emily se llenaron de lágrimas. Recordó a los Bakers diciéndole que habían diseñado un cuarto para el bebé en colores neutrales, dejando un espacio en el muro para un nombre de chico o chica. Pero no le habían dicho sus opciones a Emily, diciendo que querían ver cómo se veía el bebé antes de hacer la decisión final. El nombre Violet, pensó, era perfecto.

            “Es tan bello,” Emily susurró, caminando hacia el pequeño asiento de la ventana y acomodándose en almohadón. Aun había marcas de donde habían estado la cuna y el mudador. Cuando los Bakers encontraron al bebé en la entrada, ¿La habrían traído aquí a dormir? No, Emily concluyó. No esa primera noche. Probablemente habían sostenido a la bebé hasta que el sol salió, sorprendidos de que fuera suya. Asustados también. Probablemente hicieron planes para mudarse esa misma noche para evitar preguntas y asegurarse de que no les quitaran al bebé.

            De repente, Emily estaba segura de algo: Los Bakers hicieron todo lo que pudieron por el bebé. Habían desarraigado sus vidas solo para asegurarse de que podrían quedársela, su felicidad significaba más que su comunidad, su casa. Eso valía más que cualquier cantidad de dinero. Había tomado la decisión correcta al entregarle su hija—Violet—a ellos.

            “Hey,” Aria dijo tiernamente, notando la cara con marcas de lágrimas de Emily. Puso sus brazos alrededor de Emily y la apretó fuertemente. Emily también la abrazó, y se quedaron de esa forma por muchos minutos. Se sentía feliz y triste al mismo tiempo. Era maravilloso saber que el bebé tenía una casa con tanto amor, pero odiaba no saber a dónde habían ido los Bakers.

            Emily se alejó de los brazos de Aria y miró por las escaleras para encontrar a la corredora de propiedades, de repente llena con un propósito. Sandra estaba en la cocina, reordenando papeles en una carpeta.

            “Disculpe,” dijo. Sandra se dio vuelta, con una sonrisa plástica congelada en su cara. “La familia que vivía aquí antes. ¿Sabe lo que les pasó?”

            “Si mal no recuerdo, se fueron en Septiembre, creo.” Sandra pasó por una carpeta de archivos con información sobre la casa. “Sus nombres eran Charles y Lizzie Baker.”

            “¿Tiene alguna dirección?” Emily preguntó.

            Sandra negó con la cabeza. “¿Eras tú quien me envió un email sobre esto?”

            “¿Email?” Emily levantó una ceja, “No...”

            Sandra sacó su BlackBerry y miró la pantalla. “Qué divertido. Me llegó un email con la misma pregunta. Alguien que también quería saber a dónde habían ido los Baker.”

            Aria, quien acababa de llegar a la cocina, tosió. “¿Recuerda quién envió el email?”

            Sandra miró su BlackBerry. “Juraba tenerlo aquí, pero quizás lo borré. Era el nombre de una mujer, definitivamente. ¿Quizás comenzaba con G?”

            “¿Gayle Riggs?” Aria dijo.

            La cara de Sandra se iluminó. “Si, ¡Creo que ese es! ¿La conocen?”

            Emily y Aria intercambiaron miradas. Emily nunca le había dicho a Gayle a quien había escogido inicialmente para entregarle el bebé. La agencia de adopciones nunca habría entregado esa información tampoco. ¿Y si de algún modo se había enterado? ¿Y si A le había dicho? ¿Y si—el corazón de Emily comenzó a latir fuertemente—Gayle estaba tratando de encontrar al bebé?

            De repente, un ping sonó desde el interior de la cartera de Aria. Lo sacó y miró su celular. “Hanna dice que ha estado tratando de contactarte, Em.”

            Emily buscó en su bolsillo su celular y miró la pantalla oscura. “La batería está muerta.”

            Los ojos de Aria aun estaban en su celular. Presionó un botón y suspiró. “Mira esto.” Se lo pasó a Emily. Dile a Em que es urgente, un mensaje de Hanna decía. Creo que Gayle está tras el bebé. Llámame tan pronto como sea posible.

            “Oh Dios mío,” Emily susurró.

            Otro ping sonó cuando un nuevo mensaje llegó al celular de Aria. El remitente era un enredo de letras y números. Aria llevó su mano a su boca. El corazón de Emily latía rápidamente mientras leyó las palabras.

            Supongo que Emily no es la única buscando ese paquete de alegría. ¿Quién llegará primero?—A

11 comentarios:

  1. Gracias por traducir el libro, en serio que me llena de alegría saber que alguien está trabajando tan fuertemente para conseguir traducirlo ¡Mil gracias! Saludos desde Colombia.

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    1. Gracias por el comentario :)para mi es un gusto seguir traduciendo porque me gusta la serie tanto como quienes llegan a leerla :) Saludos a ti desde Chile

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  2. cuando subis el cap. 19?

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    1. En este momento ya está subido, pero de todos modos, actualizo por lo general entre viernes y domingos :) saludos

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  3. gracias por la traducciones, son geniales c:

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  4. super v desearia poder seguir leyendo , gracias

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  5. En que libro se descubre quien es a?

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